Parque Nacional Black Canyon of the Gunnison
Colorado, Estados Unidos
El Black Canyon of the Gunnison, el «cañón negro» del río Gunnison, es una garganta de una profundidad, una estrechez y una oscuridad extraordinarias excavada en una alta meseta del oeste de Colorado, y es uno de los grandes parques nacionales del Oeste estadounidense menos visitados, ya que está lejos de cualquier ciudad: la localidad más cercana, Montrose, que tiene un pequeño aeropuerto, está a quince millas y unos veinticinco minutos de la entrada, Grand Junction a hora y media al noroeste, y Denver a cinco horas, al otro lado de las Rocosas. El coche es imprescindible, y la entrada, que se paga por vehículo, es válida durante una semana. El cañón tiene dos bordes, que están a distancia de un grito el uno del otro y a más de dos horas de separación por carretera. Casi todo el mundo va al borde sur, donde hay un centro de visitantes en Gunnison Point, un camping y una carretera asfaltada de siete millas a lo largo del borde con una docena de miradores señalizados, a la mayoría de los cuales se llega por caminos de unos cientos de metros que terminan en una plataforma de roca con barandilla que sobresale sobre el vacío: Tomichi Point, Pulpit Rock, Chasm View, donde el borde opuesto está a solo 335 metros y el río 550 metros más abajo, Painted Wall, Sunset View y, al final, High Point, desde donde el sendero natural de Warner Point, de milla y media ida y vuelta, lleva a la parte más profunda. Para recorrer la carretera bastan dos o tres horas. Una carretera secundaria empinada, con pendientes del dieciséis por ciento y cerrada a los vehículos largos, desciende en East Portal hasta el propio río, aguas arriba del cañón propiamente dicho, para pescar y hacer pícnic. Al borde norte, al que se llega por una pista de grava desde el pueblo de Crawford, hay un puesto de guardaparques, un pequeño camping y una carretera panorámica por el borde con vistas aún más verticales, y recibe la décima parte de los visitantes. El descenso al cañón se hace por rutas sin señalizar ni mantener, bajando por empinados barrancos, para las que hay que obtener el mismo día un permiso gratuito de zona virgen.
